María Lillana

Tiempo de lectura: 8 minutos

12 septiembre, 2020

 

Historia, mitos y leyendas se esconden tras las murallas de las fortalezas más impresionantes de Europa. Por ellas han pasado reyes, condes y grandes familias aristocráticas que han modelado su aspecto, pero muchas de ellas fueron abandonadas, siendo el paisaje y la naturaleza quienes les tomaron el relevo invadiendo esos muros que eran inexpugnables en el pasado.

Contemplar en directo sus ruinas ya es todo un privilegio, pero tener la oportunidad de ver su aspecto original permite trasladarse en el tiempo y ponerse en la piel de aquellos que lucharon por sus muros, en ocasiones con victoria, en otras sin tanta suerte, como apuntan en .

 
 

1. CASTILLO DUNNOTTAR, ESCOCIA.

Su protagonismo cinematográfico se lo debe a la película Braveheart y su protagonismo real a la agitada historia de Escocia. Situado en un promontorio rocoso en las aguas de la costa nordeste escocesa y unido a tierra firme por un estrecho paso –el único acceso al castillo-, Dunnottar fue asediado por William Wallace en su lucha contra la ocupación inglesa en 1297.

El lugar era considerado uno de los más seguros de toda Escocia por lo cual las joyas de la corona fueron escondidas aquí frente al avance de la armada inglesa en el siglo XVII. Tras el bombardeo sufrido durante la defensa frente a las tropas de Cromwell la estructura quedó en ruinas y no fue hasta el siglo XX cuando empezaron las labores de restauración.

2. CASTILLO OLSZTYN, POLONIA.

Construido por el rey Casimiro III el Grande durante el siglo XIV, la sobria fortaleza de Olsztyn forma parte de “El camino de los nidos de águila”, un sistema de fortificaciones construido para proteger la región de Silesia frente a los checos. Una colina de roca caliza rodeada de verdes praderas y estratégicamente situada sobre el río Lyna, al noreste de Polonia, fue el lugar escogido para levantar los imponentes muros del castillo, que custodiaban una torre circular de 35 metros de alto usada como cárcel

 

3. CASTILLO SAMOBOR, CROACIA.

Nacido de las entrañas del Sacro Imperio Romano Germánico en el siglo XIII, el Reino de Bohemia ocupaba parte de la actual República Checa y Alemania, y tuvo como primer gobernante al rey Otakar I. Y fue precisamente él quien mandó construir el castillo de Samobor, ubicado en una estratégica colina del pueblo homónimo. Sin embargo, cayó en el abandono hacia finales del siglo XVIII y hasta la actualidad, cuando recientemente se han realizado trabajos de restauración que respetan su estructura original y contribuyen a diferenciar los diversos estilos que conforman cada parte de este bello castillo de origen medieval.

4. CASTILLO DE SPIS, ESLOVAQUIA.

Las ruinas de esta majestuosa fortaleza ya dejan intuir el monumental aspecto que exhibía el castillo cuando fue construido en el siglo XII. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO­, esta fortaleza fronteriza es uno de los mayores complejos fortificados del mundo que protegía los confines del Reino de Hungría. Sus últimos habitantes fueron la familia Csáky, quienes lo abandonaron en el siglo XVII y posteriormente fue arrasado por un incendio.

5. CASTILLO MENLO, IRLANDA.

Situado a las afueras de Galway y a orillas del río Corrib, este coqueto castillo que parece fundirse con el paisaje debido a las altas hojas de parra que han trepado por sus muros guarda en el interior de sus paredes una terrible historia. Lo que queda de las torres circulares que un día protegieron la casa es uno de los pocos recuerdos de este desafortunado accidente.

6. CHATEAU GAILLARD, FRANCIA.

Tan solo dos años le hicieron falta a Ricardo Corazón de León para levantar esta magnífica fortaleza sobre un acantilado a orillas del río Sena, a la altura de Les Andelys, Normandía. Tras la muerte de Ricardo Corazón de León, el castillo soportó un asedio de 7 meses por parte de las tropas de Felipe Augusto II, y todavía había de vivir numerosos ataques y defensas antes de ser abandonado en el siglo XVI.

7. CASTILLO POENARI, RUMANÍA.

Un halo de misterio y leyenda envuelve las ruinas de este castillo que un día perteneció a Vlad Tepes, el príncipe rumano que sirvió de inspiración al escritor Bram Stoker para crear al personaje de Drácula. Fue levantada directamente de la roca y fortificada con piedra caliza, a lo que Vlad Tepes le añadió varias torres de defensa. Su aspecto actual es debido, además de al abandono, a un desprendimiento de tierra, que envió a gran parte de los muros de Poenari directos al río Arges, en el fondo del valle.

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